Práctica Intelectual

He dedicado gran parte de mi vida al pensamiento y a la acción en torno a la educación, la política y la transformación social en la República Dominicana y en los ámbitos latinoamericano e iberoamericano. Estoy convencido de que las ideas pueden abrir caminos hacia sociedades más justas, como lo he expresado en mis libros Educación, Gremialismo y Democracia y Esa educación que no merecemos.


He tenido la dicha de ejercer la docencia en todos los niveles y modalidades de la educación, desde la primera infancia hasta el postgrado. En las aulas de casi todas las universidades de mi país, así como en instituciones de educación superior de México, Colombia y Estados Unidos, he confirmado una verdad que me acompaña siempre: he aprendido más de mis estudiantes que ellos de mí.


Esa experiencia vital me ha llevado a valorar la construcción de conocimiento como un proceso colectivo, donde cada aprendizaje involucra siempre un intercambio enriquecedor. En el plano internacional, las responsabilidades que asumí como presidente pro témpore de la Coordinación Educativa y Cultural Centroamericana (CECC-SICA), de la Organización del Convenio Andrés Bello (CAB) y de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), las viví como oportunidades para socializar, compartir y construir buenas ideas orientadas al bien común.

Hoy sigo convencido de que el trabajo intelectual solo cobra sentido si se pone al servicio de la sociedad. Por eso mi propósito continúa siendo aportar, desde la reflexión crítica y el debate de ideas, a que avancemos hacia sociedades más inclusivas, democráticas, sostenibles y, sobre todo, felices.